martes, 24 de abril de 2012
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miércoles, 20 de julio de 2011
FELIZ DÍA COLOMBIA
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miércoles, 25 de mayo de 2011
En Te Deum Cardenal Bergoglio reclama humildad para construir Argentina


Al presidir el Te Deum por los 201° años de la Revolución de Mayo en la Catedral de la capital de Argentina, el Cardenal Jorge Mario Bergoglio reclamó de todos sus compatriotas la humildad que se necesita para construir la Patria.
"Desde el camino de 200 años, el día de hoy nos invita a despertar una vez más a la humildad, a la humildad de aceptar lo que podemos y somos", dijo el Purpurado.
Esta fiesta alienta a los argentinos a "tener la grandeza de compartir sin engaños ni apariencias porque no olvidemos que las ambiciones desmedidas sólo lograrán que el supuesto vencedor sea el rey de un desierto, de una tierra arrasada o el capataz de una propiedad foránea".
Ante el jefe del gobierno de Buenos Aires, Mauricio Macri, y otras autoridades, el Cardenal advirtió que "los maquillajes y vestidos del poder son una cáscara que llenan su vacío triste" y llamó a seguir el camino de quienes "lucharon por la patria más allá de las diferencias".
Asimismo destacó en este sentido a quienes "recurren a Jesús, aquel que los alivia, al abrazo tierno en el perdón o en la entrega solidaria de muchos que en las distintas actividades dan de la riqueza de sí".
El Primado argentino reclamó, además, "humildad" a los gobernantes y criticó la "veleidad" como un desvalor "que carece de toda propuesta", y al que consideró "un mal argentino".
Antes de finalizar la homilía, el cardenal Bergoglio invitó a los presentes en la catedral a rezar "desde el corazón" esta oración:
"Jesucristo Señor de la historia, danos la gracia de saber gozar de nuestra hermandad y amistad humilde que nos motive a construir juntos, porque nos sentimos hijos de tu Padre y Padre nuestro. Despierta nuestro corazón dormido en rivalidades y mezquindades, antes que sea tarde.
Que no escuchemos con soberbia y ambición los miedos que nos vacían y ahuecan, sino que carguemos el yugo suave del compartir sin manipular, porque es un deber de justicia con nuestros hermanos, con nosotros mismos, y contigo.
María de Luján, que te quedaste como Madre en nuestra tierra para que la sintamos como un don, y transmites la ternura de Dios con tu presencia, tus manos, tu silencio; escucha el gemido de tu pueblo por una 'justicia largamente esperada'.
Escucha el lamento silencioso de los que se destruyen porque no sienten la esperanza, de los que se esfuerzan a diario y les pagamos con sobras, de los que ya no tienen memoria de la ‘alegría de ser’.
Tu rostro nos dice que no hay agobio que nos hunda, porque mirando a tu hijo Jesús como tú lo miras, encontramos la paz hasta en los momentos más duros. Desde allí queremos recuperar la humildad que Él tanto nos enseñó, y que nos reaviva la confianza".
Para leer la homilía completa ingrese a: http://www.aica.org/index.php?module=displaystory&story_id=26783&format=html
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martes, 12 de abril de 2011
Opinión sobre el proceso electoral en el Perú
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miércoles, 6 de abril de 2011
LATINOAMÉRICA, Nuestra Patria
Calle 13 Ft Totó La Momposina, Susana Baca y Maria Rita
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sábado, 5 de marzo de 2011
Razas Gemelas.
Me encanta. Somos el mismo pueblo
¡¡¡Mamáááááá prende la grabadora!!!!
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miércoles, 2 de febrero de 2011
El Vaticano cree que la Teología de la Liberación aún le falta desvincularse de las ideologías

"La opción preferencial por los pobres es una opción evangélica de la que dependerá, sobre todo, nuestra salvación. Su construcción por parte de la teología de la liberación supuso una mirada sincera y responsable de la Iglesia hacia el vasto fenómeno de la exclusión social", dijo el prelado brasileño en declaraciones que publica el diario vaticano "L´Osservatore Romano".
Joao Braz Aviz, de 64 años, añadió al vespertino de la Santa Sede que Juan Pablo II afirmó en aquellos años que la teología de la liberación "no es sólo útil, sino también necesaria".
El prefecto de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y la Sociedad de Vida Apostólica recordó que las dos instrucciones vaticanas, en la década de 1980, "corrigieron temas ligados al uso del método marxista para interpretar la realidad".
"Pienso que todavía no ha sido suficientemente completado el trabajo teológico para desvincular la opción por los pobres de su dependencia de una teología de la liberación ideológica, como ha advertido últimamente Benedicto XVI", agregó el arzobispo.
La Teología de la Liberación surgió en Latinoamérica y el Vaticano vio el peligro de que los intentos de los teólogos de profundizar en la liberación de los pobres se vieran inspirados por ideas marxistas ajenas al mensaje cristiano.
Tras una primera instrucción vaticana del cardenal Joseph Ratzinger (noviembre de 1984), que denunciaba el peligro de "desviaciones doctrinales", se publicó una segunda en la que la Santa Sede reiteró la validez de la "opción preferencial por los pobres" y la de una "teología de la liberación" libre de elementos ideológicos ajenos al mensaje cristiano.
Ratzinger siempre se opuso a la misma y, ya como papa Benedicto XVI, cuando viajó en 2007 a Brasil dijo que el cambio de la situación política en América Latina propició también el cambio sustancial de esa doctrina.
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jueves, 27 de enero de 2011
El Bloc de Notas Mariano
Una idea que puede servir es usar el blog de notas para rezar el Ángelus (y el Regina Coeli en Pascua).Copie las oraciones en el bloc y guárdelo en el escritorio.
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miércoles, 26 de enero de 2011
La Iglesia al pie de la Cruz
Yo recuerdo mucho como el Venerable Siervo de Dios Juan Pablo II, papa , reflexionaba acerca de su sufrimiento y cómo se había dado cuenta que había como un Evangelio superior que era éste del sufrimiento. Ciertamente el Magno nunca renunció a su ministerio petrino, gesto sin duda madurado en la contemplación de Cristo en la Cruz, quien nunca bajo de ella.
Ante tanta persecución religiosa, con la censura de la prensa tradicional , y la indiferencia del gran público. Ante las infidelidades de tantos pastores y los falsos profetas. Ante el generalizado agnosticismo funcional, ese vivir como ateos declarándonos alegre e irresponsablemente como católicos, recuerdo las proféticas palabras de Pablo VI "el humo de Satanás ha entrado en la Iglesia".
En efecto, el misterio del Mal y su astutamente disimulada hediondez, se difunde por doquier.
Sí la presencia del mal es grave en la Iglesia, fuera de ella es dimensiones apocalípticas.
Pues bien sabemos que donde abunda el pecado sobreabunda la Gracia y considerada la infinita bondad de Dios, Su amor misericordioso, Ése que nos ama como si no existiese nadie más, sabemos que no pasa nada que Él no permita. Siendo todo lo que se deba lamentar exclusiva responsabilidad nuestra, Él sabe cómo sacar de las cosas más malas, cosas buenas. Lo ha hecho siempre.
Desde el dicho popular de "Escribe derecho en líneas torcidas" hasta las hermosas palabras que rodean el inmejorable "Felix Culpa" de Santo Tomás que se entona en Pascua, lo muestran.
Así pues creo que hay que abrazar la Cruz con humildad. Besarla con Pasión cómo tan bellamente ha sido representado nuestro Señor en lienzos y en películas.
Tener siempre marcada en el corazón la frase de Santa Rosa, "Fuera de la Cruz no hay escalera por la que se pueda subir al Cielo".
En efecto, a algunos les tocará sufrir la muerte por ser cristianos (Pakistán, Irak, Egipto), la cárcel (Asia Bibi), la traición (La Legión, fieles de diócesis donde ha habido abusos, otros), la demolición mediática (Cardenales Cipriani,Rivera,Rouco). A cada uno según su medida.
A algún cristiano podrá resultarle fácil defender su fe en la televisión, pero le costará digerir el que su Obispo le falle.
Otro podrá estar dispuesto a morir por su fe, pero no sabe dar razón de ella frente a sus amigos de trabajo o de Universidad.
A alguna Orden le será una santa virtud vivir la pobreza, pero se tambalea ante la crisis vocacional.
Cómo decía el Cardenal Juan Luis, "cuando se es fiel, la Cruz pesa"
No podemos escoger cruces de algodón, la Cruz no se acomoda a nuestra medida, somos nosotros quienes debemos acomodarnos a la medida de la Cruz.
El Señor sabrá quitarnos las seguridades que nos son más confortables y nos educará en aquellas que más parecen costarnos, ¿por qué? porque es ante todo un padre bueno.
Porque sabe que lo mejor a lo que podemos aspirar, por más rica y profusamente adornados que estén los medios, es a Él.
Lo sabe y se encarga de darnos lo mejor. Cooperemos con está santa pedagogía, abrazados cómo naúfragos a ése Bendito Madero que adorna nuestros cerros. Con la serena alegría del hijo tomado de la mano de su padre.
Hoy que nos toca abrazar la Cruz, y permanecer erguidos a sus pies. Miremos a la Madre de Jesús. Digámosle con la humildad de San Juan Diego Cuahutlatoatzin, Su confidente: "Soy mecapal, soy parihuela, soy cola, soy ala, yo mismo necesito ser conducido, llevado a cuestas"
Fortes in Fides!
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sábado, 22 de enero de 2011
Pensamientos electorales
INGENUIDAD SUPINA DE LOS ELECTORES
En el Perú estamos viviendo el inicio de una nueva campaña electoral, los políticos vuelven a ensuciar nuestras ciudades, dividir a los peruanos, y a burlarse una vez más de la supina ingenuidad de los votantes.
En lo personal no creo en la democracia, pero respeto a la República, así como las autoridades elegidas por los tiernos votantes. Esto no impide que pueda analizar lo que sucede y emitir opinión.
Veo candidatos prometer el oro y el moro, y la pregunta lógica es ¿cómo se van a realizar estas promesas? ¿Con qué dinero?¿en cuanto tiempo? y la más grave aún ¿que pasa si no las cumple?¿nada?
Una persona inteligente ante alguien que le dice: si votas por mí voy a hacer tal o cual cosa, debiera preguntarse ¿que garantías tengo de que lo que me dices es verdad?
Por supuesto estamos hablando de votantes, cuyo nivel intelectual permite que bailen en mítines, coreen el nombre de un candidato por un kilo de arroz, se peleen entre ellos por tal o cual partido, no se indignen ante la invasión de carteles, pintas de cerros, paredes, etc.
Lo que más gracia me da es cuando alguien sostiene que su candidato es el mejor por tal propuesta, y cuando le preguntas ¿que garantías tienes de que cuando llegue a su puesto la realizará? te miran con esa cara de perplejidad que manifiesta el fin de la inocencia
La ingenuidad de los electores puede ser tierna, anecdótica, folclórica, sin embargo cuando eso me afecta y afecta a personas que me rodean (mi país) , pues ya no es gracioso. Es un ataque directo a mi propia seguridad y libertad y las de quienes me rodean. ¿Por qué tendríamos que someternos a los desatinos constantes del electorado? No es justo.
Esto se ha dado desde que era niño y sigue siendo así. Que siempre habrá malos y buenos políticos no es lo preocupante. Lo preocupante es ese aletargamiento de las poblaciones que creen cualquier cosa y no tienen la mínima formación de pedir pruebas. La muestra de pobreza intelectual que tenemos como población es pasmosa.
IMPOSIBILIDAD DE GARANTÍA DE CUMPLIMIENTO
Me he cuestionado si es que no podríamos tener como garantía el mismo cargo a la que estos políticos postulan alegremente, de manera que puedan firmar un compromiso de renuncia al cargo de no cumplir sus promesas. He consultado con abogados y políticos. Y parece que no es posible, requeriría un cambio de la Constitución, y de haber un documento no sería necesariamente vinculante.
Dentro de todo es una grata sorpresa el haber encontrado políticos dispuestos a firmar compromisos de esta naturaleza. Esta es muy esperanzadora. Lo celebro pero el tema de fondo es que no hay posibilidad de tener una garantía de cumplimiento de promesas, más allá del honor y la palabra empeñada.
Dados los hechos no se nos puede censurar por considerar esto insuficiente. Estrictamente podemos dar el beneficio de la duda, en no generalizar y considerar que todos son inocentes hasta que se demuestre lo contrario. Este es el curso de acción correcto, y lo esperable de personas que se guían por la virtud. Sin embargo hay que admitir que habiendo sido sorprendidos no una, no dos, sino muchísimas veces por funcionarios públicos electos que no sólo no cumplen lo prometido (total, nada les ata y la gente olvida, tan inocentes ellos) no pasa nada en absoluto. Bueno sí pasa, la condena moral de la población. Que siendo justos, tiene tanto valor como la palabra de los candidatos: sólo los sostiene la buena fe.
Y vuelvo a los siempre sorprendentes votantes: A nadie parece importarle. ¿Acaso no compruebas un producto antes de comprarlo? Al parecer no, nuevamente “el vivo vive del tonto y el tonto es su negocio”
El problema está planteado
RESPONSABILIDAD Y EXIGENCIA
La responsabilidad es pues compartida, tanto del político que se aprovecha del ingenuo, como de éste último que no hace nada para salir de su situación. Aquel que piensa que ya que el Estado no funciona no me preocupo. ¿Por qué esperar algo siquiera del Estado? ¿Por qué esperar que alguien lo haga por nosotros? El Estado está ahí y es una herramienta, pero si se vuelve obsoleta y no puedo hacer nada por cambiar eso pues las soluciones las pongo yo. Así de simple.
Que diferente sería si como población tuviésemos algunas de la virtudes que exigimos a lo políticos.
Ciertamente hay tarea pendiente por los dos lados. La mejor forma de interpelar a los políticos electos no es con el ataque frontal (que no está de más) sino con la manifestación de independencia por nuestra parte.
Imaginen un Presidente o un Congreso esforzándose por demostrar que todavía son necesarios ¿lindo no?
Pero estamos muy lejos, pues esa independencia es muy difícil. Siempre se han necesitado líderes y si éstos no están a la altura es muy complicado que los dirigidos se alcen sobre sus cenizas.
Es más fácil prescindir del Estado que suplantarlo.
Es más fácil organizar un paro que campañas sociales que reemplazan la ausencia gubernamental
No nos lamentemos de la ineficiencia estructural, solucionémosla inclusive si esto implica, prescindiendo de su restructuración.
RENOVACIÓN Y MERITOCRACIA ¿COMPLEMENTARIOS EN LA CARRERA POLÍTICA?
En principio estoy siempre en contra de las reelecciones. Creo que muestran incapacidad, aprovechamiento y desvirtúan lo que se supone es la democracia (que me sigue sin convencer). En este orden cabe la réplica de que es necesario asegurar que los pueblos tengamos políticos de carrera. Gente que se dedique por sus propios dones a la labor política como cualquier otra labor en la sociedad. De manera que sí creo que los políticos deben rotar de cargos, hacer ésa carrera política: Pero no necesariamente en el mismo puesto. La idea es que roten que asciendan, que empiecen como delegado universitario o dirigente sindical y lleguen a la Presidencia. Esto es necesario para evitar los improvisados, carismáticos, artistas. Políticos para público con nivel intelectual de televidente.
Y es que un político no creo que deba ser necesariamente carismático. No es un monarca. Debe ocuparse de su labor de manera efectiva, pienso que a lo que se debe apuntar es que el protagonismo lo tenga la sociedad en su conjunto. Se entiende que, por ejemplo, el Presidente, el Rey o los Aristócratas puedan tener por consecuencia de sus cargos cierta afinidad con la gente, pero no es lo fundamental. Lo importante es que el sistema elegido funcione pues la historia enseña que los pueblos no nos hacemos problema por acabar con un sistema, poner otro, para más adelante regresar al anterior. El problema no es ése. El problema es que se pierde tiempo. Y ese tiempo que se pierde significa: gente que sigue en la pobreza, el subdesarrollo, muertes, exclusión.
La permanencia de un político en su cargo, en el caso de la democracia, debe en efecto estar signada por la meritocracia (sigo insistiendo que no en el mismo puesto). La vocación de servicio no debe ser una construcción demagógica sino una disposición real. Cómo esto no es tan fácilmente medible, los resultados son los que nos pueden ayudar a discernir quien debe quedarse y quien no.
¿CABE LA GRATITUD?
Como dije, yo no soy demócrata, pero nací en un país que sí lo es, y respeto profundamente a la República y su Democracia (cómo no, sí es mi Patria). De manera que me esfuerzo por siempre mostrar respeto por las autoridades electas así desconfíe del sistema. La legitimidad siempre podrá discutirse, el respeto a la autoridad no. Si bien es cierto que no es que yo tenga muchas oportunidades de tratar con autoridades civiles, en las poquísimas oportunidades que he tenido, lo he hecho con el respeto debido y teniendo en cuenta los argumentos democráticos que sostienen su autoridad.
Esto me ha hecho reflexionar también sobre la gratitud. ¿es necesario ser agradecido con los elegidos? Pues sí, en principio, la buena fe nos hace aceptar que su presencia es fruto de una vocación de servicio. Que ese servicio me afecta directamente. El hecho de que el Estado esté ausente, que la corrupción e ineptitud nos toquen directamente, no elimina la cortesía del "gracias".
¿Por qué pienso que esto es así?, porque, y siempre continuando con el siempre saludable ejercicio de no generalizar, primero, estimula a quienes con sinceridad trabajan para mejorar las cosas, y si alguna vez se logra serán ellos quien lo hagan. Y a los otros, nada, pues no importa porque la idea es que ya no sigan ahí.
Estoy planteando ser agradecido con los políticos, a mi mismo me parece exagerado, dada la nauseabunda reputación que tienen. Pero alguien tiene que empezar a cambiar. Ellos no lo harán
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viernes, 21 de enero de 2011
Ir a Dios
Hay una renuncia fundamental que los cristianos hacemos en el bautismo y repetimos en la confirmación. No recuerdo bien el rito pero básicamente dice que renunciamos a ir a métodos e instituciones en lugar de ir a Dios. Tiene lógica: todo método o institución eclesial tiene como finalidad que el creyente se encuentre con Dios, viva de Él, con Él y por Él. Cuando uno olvida esta renuncia endiosa la institución o el método y con ellos se endiosa a sí mismo.
Aparece entonces la soberbia institucional y la persona es capaz de criticar duramente la realidad que la rodea e incluso a sí misma pero jamás se atreverá a decir algo sobre la institución. Si comete errores son suyos, si acierta son aciertos de la institución. Ocurre así que esta va convirtiéndose en un diálogo de autoconvencidos que se refuerzan en sus propias ideas sin escuchar en lo esencial nada que venga "de fuera". Si alguien les hace notar los errores cierran filas y defienden la causa creyendo que defienden a Dios pero Dios ya no está ahí y los síntomas de su ausencia son el miedo, el apasionamiento, el vaciamiento progresivo de sentido, el activismo desenfrenado. Ya no se piensa creativamente, se exige un pensamiento único. Ya no se actúa desinteresadamente, todo se calcula según las conveniencias de la institución. Ya no se mira a las personas por lo que son si no por la utilidad que puedan tener.
Esta mentira termina por desalentar la auténtica vida espiritual. Se multiplican las normas, los cuidados de la imagen, los clichés, las frases de trinchera, los "megaeventos". Se busca conquistar, llegar más alto y más lejos pero se ha olvidado el amor inicial y se lo ha reemplazado por una militancia casi ciega. Los frutos son muy claros: pérdida de frescura, de alegría, desprecio explícito o velado por los que no piensan como la institución, ocultamiento de información, confusión ante situaciones nuevas, tensión interna, stress, falta de afecto, dureza de corazón.
Todo esto me recuerda un cuento que leí hace un tiempo en el que un occidental se enamora de una mujer china y para enamorarla aprende chino y se vuelve un experto, tan experto que comienza a viajar por el mundo dando conferencias sobre chino y se olvida de la buena mujer que lo esperaba y que fue el amor la motivación para aprender el idioma de Confucio.
Cuando esto ocurre hay una sola salida: la conversión real que sólo ocurre cuando hay humildad. Conversión que es pedir perdón a Dios y reparar. Conversión que pasa por reconocer que la forma de ver estuvo mal, el ojo estaba oscuro, que las bases estaban construidas sobre arena y no sobre la Roca que es Cristo. Conversión que lleva a recurrir a los viejos medios que en la Iglesia nos dejó el buen Maestro de Nazaret: los sacramentos, la caridad con los pobres, la búsqueda de la luz que sólo puede venir del Espíritu, la Palabra.
Pensé terminar este post diciendo que la historia de la Iglesia está llena de ejemplos así pero se me ocurrió también que no basta reconocer una crisis ni decir que siempre hubo crisis en la Iglesia, es necesario cambiar de raíz, recuperar esa fundamental renuncia del bautismo que se quedó olvidada. Quedan las personas, la amistad y sobre todo Dios que nunca nos abandona.
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miércoles, 19 de enero de 2011
Una oportuna visión sobre la política.
Fuente: Cruzamante.blogspot.com a su vez de conoze.com
Autor: Vittorio Messori
Ya que tanto se discute acerca de las reformas institucionales, sobre el indispensable cambio de sistema, puede ser interesante no perder de vista la perspectiva católica.
Es sabido que los hombres pueden organizarse según tres modelos fundamentales, si bien divididos, mezclados y entrelazados de modos diversos: la monarquía, la aristocracia y la democracia.
La Iglesia siempre ha llamado a no preferir en abstracto a ninguno de estos modelos así como a no excluir tampoco a ninguno de ellos: la elección depende de los tiempos, de la historia y de la idiosincrasia de los diversos pueblos. Así, si los últimos papas (pero empezando sólo desde Pío XII con el mensaje radiado la Navidad de 1944, cuya difusión fue prohibida, y no por casualidad, en Alemania y en la República de Saló) parecían preferir para el Occidente contemporáneo el sistema representativo parlamentario, se han guardado mucho por otro lado de hacer de ello una especie de dogma, como si fuese el único aceptable para un católico. Sencillamente, lo han considerado el más oportuno en estos tiempos para dichos países. Por los mismos motivos, la Iglesia no debe arrepentirse ni pedir disculpas por haber mantenido a sus capellanes en las cortes de los reyes del Antiguo Régimen o por haber considerado una Res publica christiana (pese a ciertas discusiones, pero no por causa del sistema de gobierno) a la de Venecia, que representa el sistema más ilustre de régimen aristocrático.
En aquellos tiempos, en aquellos lugares, con aquellas historias y temperamentos era lo que convenía. Y, sobre todo, se trataba de autoridades legítimas para las que regía el severo mandamiento del Apóstol: «Que todos estén sometidos a las autoridades constituidas; ya que no hay más autoridad que la de Dios y las que existen son establecidas por Dios. Así, quien se opone a la autoridad se opone al orden establecido por Dios. Y quienes se opongan atraerán sobre sí la condena... Es necesario estar sometidos, no sólo por temor al castigo sino también por razones de conciencia... Dad a cada uno lo que le corresponde: a quien corresponda tributo, tributo; a quien temor, temor; a quien respeto, respeto...» (Rom. 13, 1s, 5, 7).
Desde el momento en que la Iglesia no puede hacer «lo que le sale de la cabeza», no pudiendo «inventarse» una Revelación según la moda y las exigencias siempre cambiantes porque es esclava de la Palabra de Dios (tanto si ésta gusta como si no), el comportamiento «católico» específico ante los diferentes sistemas de gobierno debería juzgarse a la luz de este párrafo de Pablo y de otros del mismo tenor repartidos por el Nuevo Testamento. Entre ellos se encuentra la Primera carta de Pedro (2, 7), esa exhortación que es casi una síntesis, tan breve como eficaz, de la praxis cristiana: «Amad a todo el mundo, amad a vuestros hermanos, temed a Dios, honrad al rey.»
Ante estas citas y ante muchísimas otras que podrían exponerse, el problema no es achacable a la Iglesia «oficial», acusada por efecto de su historia de «asimilación al poder», o de «obsequiosidad con los gobiernos, sin importar el carácter de éstos». El problema se invierte para convertirse en el de los «contestatarios», los «revolucionarios» que, no obstante, afirmaban -y en algunos casos todavía lo hacen- inspirarse en las Escrituras para llevar a cabo su lucha política, cuando éstas dicen justo lo contrario.
No se cuestiona, pues, la legitimidad «cristiana» del jesuita del siglo XVII, por poner un ejemplo, consejero del rey en Versalles; en todo caso, la del sacerdote guerrillero o el catequista revolucionario. Puede parecer desagradable pero es necesario atenerse, si se desea hacerlo, a la Palabra de Dios; o si no, inventarse otra acorde con la propia ideología.
El pensamiento católico, pues, no ha hecho un absoluto de ninguna forma política, como en la actualidad (tras despertarnos del sometimiento al «rojo» y de la borrachera «comunitaria») corremos el riesgo de hacer con el sistema democrático-liberal-capitalista que celebra inquietantes triunfos en su patria, los Estados Unidos de América.
El pensamiento católico siempre ha tenido en cuenta que todos los regímenes -hasta el más perfecto sobre el papel, el más noble en teoría- luego lo encarnan hombres a los que el pecado original ha legado una mezcla de valor y cobardía, de altruismo y egoísmo, de grandeza y de miseria.
Así pues, a lo largo de los siglos el esfuerzo de los hombres de la Iglesia se ha decantado menos por el perfeccionamiento de las estructuras y más por el de los hombres. Más que aspirar en abstracto a un «buen gobierno», ha intentado contribuir a formar «buenos gobernantes». La mejor estructura sociopolítica derivada de la teoría puede llegar a convertirse en una pesadilla si la dirigen hombres indignos.
El cristianismo no es un asunto de ideólogos iluministas que se encierran en sus aposentos o en las charlas de salón o de convenciones con el fin de elaborar proyectos para «el mejor de los mundos posibles». El creyente debe sustituir aquel aroma de muerte de los principios teóricos por la realidad de la vida, el pragmatismo de la relación que no se encuentra en las estructuras anónimas sino en las personas, en su contradictoria amalgama de humanidad. La política no se redime con los «manifiestos», todo lo más redimiendo a los políticos y «purificando el corazón» del pueblo que los lleva al gobierno y los apoya.
Bajo este punto de vista también se juzgaría el grandioso esfuerzo de las órdenes religiosas, sobre todo de aquellas que surgieron después de la Reforma protestante, cuando se intentaba reconstruir una sociedad desgarrada. Es decir, del esfuerzo de los jesuitas, barnabitas, escolapios y tantos otros para asegurar una formación católica a la clase dirigente.
Solamente una superficialidad de antiguo contestatario puede escandalizarse porque aquellos religiosos parecieran favorecer a los hijos de los ricos, de los poderosos, de quienes «cuentan» (sin olvidar que los hijos de la gente pobre en modo alguno quedaron abandonados a su suerte, ya que junto a los «colegios para nobles» de jesuitas o barnabitas siempre surgieron colegios, oratorios o talleres para los abandonados). Quien se escandalice no comprende el punto de vista que debería adoptar el creyente: el prius no es la lucha para cambiar el sistema de gobierno en abstracto, que es siempre relativo, imperfecto e insatisfactorio, dado que el bien absoluto no existe en estas materias y lo máximo a lo que puede llegar la política es a limitar los daños. El prius resulta ser el compromiso para colocar en las estructuras de gobierno a buenos gobernantes. Así, formar para el deber, el sentido de la solidaridad, de la justicia y de la moderación a los vástagos de las familias nobles destinados a gestionar los poderes públicos en un futuro era la forma más eficaz de ocuparse también de la suerte del campesino, del obrero y del artesano que habrían podido sufrir los efectos prácticos de ese poder.
Por esta razón no se predicó la revuelta (cuyos resultados ya hemos visto por otro lado; y que, además, estaba descartada en las Escrituras). En cambio, sí se tuvo en consideración que la intervención sobre «los de arriba» mediante la formación evangélica de los políticos y, luego, mediante el mayor grado posible de cristianización de la política, resultaba mucho más social que la llamada a «los de abajo», con la demagogia hacia las masas. Por lo demás, eran siempre conscientes de la relatividad de todas las estructuras terrenales: «Ya que no poseemos aquí abajo una ciudad permanente sino que vamos en busca de una futura» (Hab. 13, 14); «Nuestra patria está en los cielos y allí esperamos a nuestro Señor Jesucristo como salvador» (Flp. 3, 20).
Obviamente, éstos sólo son apuntes sobre asuntos que hasta hace poco el creyente daba por descontados, pero que ahora corren el riesgo de parecer escandalosos. Son apreciaciones que pueden ayudar, de todos modos, a comprender el pasado y a intervenir sobre el presente, con vistas al futuro, sin salirse del sendero de una tradición milenaria.
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martes, 18 de enero de 2011
FELIZ 476 QUERIDA LIMA CIUDAD DE TODOS
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miércoles, 22 de diciembre de 2010
Mensaje de Navidad de S.S. Benedicto XVI
Fuente: Zenit.org
CIUDAD DEL VATICANO, miércoles 22 de diciembre de 2010 (ZENIT.org).- Ofrecemos a continuación el discurso que el Papa Benedicto XVI dirigió hoy a los peregrinos congregados en el Aula Pablo VI para la audiencia general.
* * * * *
Queridos hermanos y hermanas
Con esta última audiencia antes de las fiestas de Navidad, nos acercamos, temblorosos y llenos de asombro, al “lugar” donde todo comenzó por nosotros y por nuestra salvación, donde todo encontró su cumplimiento, allí donde se encontraron y se entrecruzaron las esperanzas del mundo y del corazón humano con la presencia de Dios.
Podemos ya desde ahora pregustar la alegría por esa pequeña luz que se entrevé, que desde la gruta de Belén comienza a irradiarse en el mundo. En el camino del Adviento, que la liturgia nos ha invitado a vivir, se nos ha acompañado para acoger con disponibilidad y reconocimiento el gran Acontecimiento de la venida del Salvador y para contemplar maravillados su entrada en el mundo.
La esperanza gozosa, característica de los días que preceden la Santa Navidad, es ciertamente la actitud fundamental del cristiano que desea vivir con fruto el renovado encuentro con Aquel que viene a habitar en medio de nosotros: Cristo Jesús, el Hijo de Dios hecho hombre. Volvemos a encontrar esta disposición del corazón,y la hacemos nuestra, en aquellos que en primer lugar acogieron la venida del Mesías: Zacarías e Isabel, los pastores, el pueblo sencillo, y especialmente María y José, los cuales probaron en primera persona el temblor, pero sobre todo el gozo por el misterio de este nacimiento. Todo el Antiguo Testamento constituye una única gran promesa, que debía realizarse con la venida de un salvador poderoso.
“He aquí que viene el Señor omnipotente: se llamará Enmanuel, Dios-con-nosotros” (Antífona de entrada, Santa Misa del 21 de diciembre). Con frecuencia, en estos días, repetimos estas palabras. En el tiempo de la liturgia, que vuelve a actualizar el Misterio, ya está a las puertas Aquel que viene a salvarnos del pecado y de la muerte, Aquel que, después de la desobediencia de Adán y Eva, nos vuelve a abrazar y abre para nosotros el acceso a la vida verdadera. Lo explica san Ireneo, en su tratado “Contra las herejías”, cuando afirma: “El Hijo mismo de Dios descendió 'en una carne semejante a la del pecado' (Rm 8,3) para condenar el pecado y, después de haberlo condenado, excluirlo completamente del género humano. Llamó al hombre a la semejanza consigo mismo, lo hizo imitador de Dios, lo encaminó en el camino indicado por el Padre para que pudiese ver a Dios, y le diese en don al mismo Padre” (III, 20, 2-3).
Nos aparecen algunas ideas preferidas de san Ireneo, que Dios con el Niño Jesús nos llama a la semejanza consigo mismo. Vemos cómo es Dios. Y así nos recuerda que deberíamos ser semejantes a Dios. Y que debemos imitarlo. Dios se ha entregado, Dios se ha entregado en nuestras manos. Debemos imitar a Dios.
El Salvador, por tanto, viene para reducir a la impotencia la obra del mal y todo aquello que aún puede mantenernos alejados de Dios, para restituirnos al antiguo esplendor y a la paternidad primitiva. Con su venida entre nosotros, Él nos indica y nos asigna también una tarea: precisamente la de ser semejantes a Él y de tender a la verdadera vida, de llegar a la visión de Dios en el rostro de Cristo.
En la noche del mundo, dejémonos aún sorprender e iluminar por este acto de Dios, que es totalmente inesperado: Dios se hace Niño. Dejémonos sorprender, iluminar por la Estrella que inundó de alegría el universo. Que el Niño Jesús, al llegar a nosotros, no nos encuentre sin preparar, empeñados solo a hacer más bella y atrayente la realidad exterior. Que el cuidado que ponemos en hacer más resplandecientes nuestras calles y nuestras casas nos impulse aún más a predisponer nuestra alma para encontrarnos con Aquel que vendrá a visitarnos.
Signo característico del tiempo navideño es el belén. También en la Plaza de San Pedro, según la costumbre, está casi preparado y se asoma idealmente sobre Roma y sobre el mundo entero, representando la belleza del Misterio de Dios que se hizo hombre y puso su tienda en medio de nosotros (cfr Jn 1,14).
Queridos hermanos y hermanas, que la Virgen María y san José nos ayuden a vivir el Misterio de la Navidad con gratitud renovada al Señor. En medio de la frenética actividad de nuestros días, que este tiempo nos dé un poco de calma y de alegría y nos haga tocar con la mano la bondad de nuestro Dios, que se hace Niño para salvarnos y dar nuevo aliento y nueva luz a nuestro camino.
[En español dijo]
Saludo a los grupos de lengua española, en particular a los peregrinos de Alange y Córdoba, así como a los demás fieles provenientes de España, México y otros países latinoamericanos. Deseo a todos una feliz Navidad y os invito a preparar vuestro corazón para recibir al Niño Jesús.
[Traducción del original italiano por Inma Álvarez
©Libreria Editrice Vaticana]
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Mensaje de Navidad de Mons. Fouad Twal, Patriarca Latino de Jerusalén
JERUSALÉN, martes 21 de diciembre de 2010 (ZENIT.org).- Por su interés, ofrecemos a continuación el mensaje que el Patriarca de Jerusalén, monseñor Fouad Twal, ha hecho llegar a los fieles del Patriarcado Latino.
* * * * *
Os saludo cordialmente a todos vosotros, periodistas presentes, y os doy las gracias por vuestro servicio de información y de formación, además de por el compromiso por la verdad. El mensaje del reciente Sínodo para Oriente Medio ha reconocido la importancia de vuestro papel: Apreciamos el papel de los medios de comunicación escrita y audiovisual. Os damos las gracias a vosotros, periodistas, por vuestra colaboración con la Iglesia para la difusión de sus enseñanzas y de sus actividades (Nuntius 4.4).
A todos vosotros y a todos los habitantes de Israel, Palestina, Jordania y Chipre, auguro una Feliz Navidad y Año Nuevo lleno de sorpresas, tanto a nivel mundial, como a nivel local y personal, un año de paz y de prosperidad.
Saludo a los obispos presentes: monseñor Giacinto - Boulos Marcuzzo, nuestro vicario patriarcal para Israel, y al nuevo obispo auxiliar y vicario patriarcal para Jerusalén y los Territorios Palestinos, monseñor William Shomali, que fue consagrado el pasado mayo y que ahora nos ayuda con nuevas energías en nuestra misión. Saludo también al rev. P. David Neuhaus, SJ, nuestro vicario patriarcal en Israel para la comunidad de lengua hebrea y le doy las gracias por su importante trabajo.
Como el año pasado, quisiera hacer un breve balance de los acontecimientos importantes que han marcado este año especialmente en nuestro Oriente Medio. Quisiera subrayar ante todo los aspectos positivos,aunque sin omitir los motivos de sufrimiento y de preocupación que quedan.
1. Damos las gracias al Santo Padre por haber convocado el Sínodo para Oriente Medio, celebrado en Roma del 10 al 24 de octubre. En esa ocasión pudimos poner el dedo en nuestras llagas y en nuestros miedos, pero al mismo tiempo, también expresar nuestras expectativas y nuestras esperanzas. El Sínodo invitó a los cristianos de Oriente Medio a vivir como buenos creyentes y como buenos ciudadanos.
La fe, lejos de alejarnos de la vida pública, debería hacernos estar más implicados en la edificación de nuestras respectivas sociedades, tanto en en los países árabes como en Israel. El Sínodo subrayó también la importancia del diálogo ecuménico e interreligioso. Esperemos que este diálogo pueda progresar no solamente dentro de los círculos intelectuales, entre expertos y teólogos, sino en todas las clases de la sociedad, convirtiéndose cada vez más en un diálogo de vida.
El Sínodo condenó la violencia, el fundamentalismo religioso, el antisemitismo, el antijudaísmo, el anticristianismo y la islamofobia, e invitó a las religiones a “asumir sus responsabilidades en la promoción del diálogo de las culturas y de las civilizaciones en nuestra región y en el mundo entero" (Mensaje, 11).
2. El turismo religioso y las peregrinaciones a Tierra Santa están conociendo cifras récord. Hasta el mes de noviembre de 2010 tres millones de personas han visitado Tierra Santa. Este número podría aumentar hasta alcanzar los 3.400.000 visitantes, cifra nunca alcanzada hasta ahora, ni siquiera en el año jubilar del 2000, que había obtenido, por lo demás, resultados considerables.
Esto se refleja de modo significativo la dimensión universal de Jerusalén, de Belén, de Nazaret, la buena acogida reservada a los peregrinos por nuestro pueblo y por nuestras iglesias y el trabajo de calidad llevado a cabo por los Ministerios de Turismo en Israel y en Palestina.
3. Deseo también subrayar la mejoría respecto a la obtención de visados para religiosos, seminaristas y voluntarios.
4. El pasado 7 de diciembre se retomaron los coloquios entre la Santa Sede y la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), con el objetivo de poner en práctica el Acuerdo de base estipulado en 2000. Estos se refieren principalmente a la libertad religiosa y la legislación en materia fiscal. Rezamos por el éxito de estos coloquios y de la misma forma por los que ya están en marcha con Israel.
5. Tuve el placer de visitar, el pasado noviembre, diversos países de América Latina: Chile, Argentina, Honduras y Colombia. Pude encontrarme con los obispos de estos países, con las máximas autoridades civiles, y sobre todo con nuestros fieles que viven “en diaspora”. Sólo en Chile hay más de 400.000. Se trata en su mayor parte de emigrados entre 1900 y 1950 a causa de problemas debidos a la pobreza y a las condiciones de inseguridad. Actualmente están bien integrados, muchos de ellos han expresado su disponibilidad para sostener nuestros proyectos y para venir en peregrinación a Tierra Santa.
Entre estos grandes proyectos que el Patriarcado Latino está intentando llevar a cabo, deseo mencionar el nuevo Hospital Psiquiátrico de Belén, que llevará el nombre de Benedicto XVI, la Universidad de Madaba, que comenzará su actividad el próximo octubre, y el nuevo Sitio para peregrinos en Jordania, en los lugares del Bautismo de Cristo.
6. Recientemente ha causado gran preocupación el incendio que ha devastado bosques enteros en las zonas de Haifa. Presentamos nuestras condolencias a las familias de las víctimas y expresamos nuestra admiración por el valor manifestado por aquellos que han muerto cumpliendo con su deber. En este triste acontecimiento hemos experimentado una gran solidaridad internacional. El hecho de que la Autoridad Palestina haya puesto a disposición cuadrillas de bomberos ha sido además un gesto muy significativo. Puede representar el comienzo de una colaboración fructífera que esperamos que pueda continuar en condiciones favorables, cuando la paz tan deseada reine sobre esta tierra martirizada.
7. Al respecto, nos hace sufrir el fracaso de las conversaciones de paz dirigidos entre Israel y la Autoridad Palestina. Pero este fracaso no puede dejarnos en la desesperación. Seguimos creyendo que en ambas partes en conflicto, así como en la comunidad internacional, hay personas de buena voluntad, que se prodigarán para unir sus energías y su compromiso por la paz. Creemos que nada es imposible para Dios y deseamos que pueda cumplirse el deseo pronunciado por los ángeles la noche de Navidad: “¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra, paz a los hombres amados por él” (Lc 2,14). Deseamos al mismo tiempo que Europa pueda jugar un papel más importante en este proceso.
8. Hemos quedado afectados y turbados frente a la masacre llevada a cabo contra los cristianos de Bagdad en la Iglesia de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro. Estas víctimas inocentes se añaden a las miles de víctimas del fundamentalismo y de la violencia, plagas que están afligiendo a Iraq. Deseo por tanto referirme a las palabras pronunciadas por el Santo Padre Benedicto XVI en esa ocasión: “Ante los crueles episodios de violencia, que siguen devastando las poblaciones de Oriente Medio, quisiera finalmente renovar mi llamamiento apremiante a la paz: esta es don de Dios, pero es también el resultado de los esfuerzos de los hombres de buena voluntad, de las instituciones nacionales e internacionales. ¡Que todos unan sus fuerzas para que termine toda violencia!
Queridos amigos, dejadme terminar este mensaje formulando mis cordiales augurios de una reconciliación entre nuestros pueblos, entre israelíes y palestinos. Es tiempo de comprometerse juntos por una paz sincera, justa y definitiva.
Que la alegría de la Navidad se difunda en vuestros corazones. Feliz Navidad.
+Fouad Twal, Patriarca Latino
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martes, 21 de diciembre de 2010
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Etiquetas: ASIA BIBI, Blasfemia, cristianos, fidelidad, Pakistán, Religiones que necesitan de leyes para existir
jueves, 9 de diciembre de 2010
San Juan Diego Cuahutlatoatzin, confidente de la Virgen, ruega por nosotros
Entre 1524 y 1525 se convierte al cristianismo y fue bautizado junto a su esposa, él recibió el nombre de Juan Diego y ella el de María Lucía. Fueron bautizados por el misionero franciscano Fray Toribio de Benavente, llamado por los indios "Motolinia" o " el pobre".
Antes de su conversión Juan Diego ya era un hombre piadoso y religioso. Era muy reservado y de carácter místico, le gustaba el silencio y solía caminar desde su poblado hasta Tenochtitlán, a 20 kilómetros de distancia, para recibir instrucción religiosa.
Juan Diego tenía 57 años en el momento de las apariciones, ciertamente una edad avanzada en un lugar y época donde la expectativa de vida masculina apenas sobrepasaba los 40 años.Luego del milagro de Guadalupe Juan Diego fue a vivir a un pequeño cuarto pegado a la capilla que alojaba la santa imagen, tras dejar todas sus pertenencias a su tío Juan Bernardino. Pasó el resto de su vida dedicado a la difusión del relato de las apariciones entre la gente de su pueblo.
Murió el 30 de mayo de 1548, a la edad de 74 años.Juan Diego fue beatificado en abril de 1990 por el Papa Juan Pablo II.
Fue canonizado el 31 de julio de 2002 por Juan Pablo II, quien viajó a Ciudad de México para presidir la ceremonia.
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lunes, 29 de noviembre de 2010
VIGILIA POR LA VIDA NACIENTE
CIUDAD DEL VATICANO, lunes 29 de noviembre de 2010 (ZENIT.org).- Ofrecemos a continuación el texto de la homilía que el Papa Benedicto XVI pronunció el pasado sábado por la tarde, durante la Vigilia por la Vida Naciente, antes de comenzar las Primeras Vísperas del primer domingo de Adviento, con el que se inauguraba este tiempo litúrgico.
* * * * *
Queridos hermanos y hermanas,
con esta celebración vespertina, el Señor nos da la gracia y la alegría de abrir un nuevo Año Litúrgico comenzando por su primera etapa: el Adviento, el periodo que hace memoria de la venida de Dios entre nosotros. Todo inicio trae consigo una gracia particular, porque está bendecido por el Señor. En este Adviento se nos concederá, una vez más, hacer experiencia de la cercanía de Aquel que creó el mundo, que orienta la historia y que se ha cuidado de nosotros llegando hasta el culmen de su condescendencia con el hacerse hombre. Precisamente el misterio grande y fascinante del Dios con nosotros, es más, del Dios que se hace uno de nosotros, es cuanto celebraremos en las próximas semanas caminando hacia la santa Navidad. Durante el tiempo de Adviento sentiremos a la Iglesia que nos toma de la mano y, a imagen de María Santísima, expresa su maternidad haciéndonos experimentar la espera gozosa de la venida del Señor, que nos abraza a todos en su amor y nos consuela.
Mientras nuestros corazones se dirigen hacia la celebración anual del nacimiento de Cristo, la liturgia de la Iglesia orienta nuestra mirada a la meta definitiva: el encuentro con el Señor que vendrá en el esplendor de la gloria. Por esto nosotros, que en cada Eucaristia, "anunciamos su muerte, proclamamos su resurrección, en espera de su venida”, vigilamos en oración. La liturgia no se cansa de animarnos y de sostenernos, poniendo en nuestros labios, en los días del Adviento, el grito con el que se cierra toda la Sagrada Escritura, en la última página del Apocalipsis de san Juan: “¡Ven, Señor Jesús!" (22, 20).
Queridos hermanos y hermanas, nuestra reunión esta tarde para comenzar el camino del Adviento se enriquece con otro importante motivo: con toda la Iglesia, queremos celebrar solemnemente una vigilia de oración por la vida naciente. Deseo expresar mi agradecimiento a todos aquellos que se han adherido a esta invitación y a cuantos se dedican de modo específico a acoger y custodiar la vida humana en las diversas situaciones de fragilidad, en particular en sus inicios y en sus primeros pasos. Precisamente el inicio del Año Litúrgico nos hace vivir nuevamente la espera de Dios que se hace carne en el seno de la Virgen María, de Dios que se hace pequeño, se convierte en niño; nos habla dela venida de un Dios cercano, que ha querido recorrer la vida del hombre, desde el comienzo, y esto para salvarla totalmente, en plenitud. Y así el misterio de la Encarnación del Señor y el inicio de la vida humana están íntima y armónicamente conectados entre sí en el único designio salvífico de Dios, Señor de la vida de todos y cada uno. La encarnación nos revela con intensa luz y de modo sorprendente que toda vida humana tiene una dignidad altísima, incomparable.
El hombre presenta una originalidad inconfundible respecto a todos los demás seres vivientes que pueblan la tierra. Se presenta como sujeto único y singular, dotado de inteligencia y voluntad libre, además de estar compuesto de realidad material. Vive simultanea e inescindiblemente en la dimensión espiritual y en la dimensión corpórea. Lo sugiere también el texto de la Primera Carta a los Tesalonicenses que ha sido proclamado: “Que el Dios de la paz – escribe san Pablo – os santifique plenamente, para que os conservéis irreprochables en todo vuestro ser –espíritu, alma y cuerpo– hasta la Venida de nuestro Señor Jesucristo" (5,23).
Somos por tanto espíritu, alma y cuerpo. Somos parte de este mundo, ligados a las posibilidades y a los límites de la condición material; al mismo tiempo estamos abiertos a un horizonte infinito, capaces de dialogar con Dios y de acogerlo en nosotros. Actuamos en las realidades terrenas y a través de ellas podemos percibir la presencia de Dios y tender a Él, verdad, bondad y belleza absoluta. Saboreamos fragmentos de vida y de felicidad y anhelamos la plenitud total.
Dios nos ama de modo profundo, total, sin distinciones; nos llama a la amistad con Él; nos hace partícipes de una realidad por encima de toda imaginación y de todo pensamiento y palabra: su misma vida divina. Con conmoción y gratitud tomemos conciencia del valor, de la dignidad incomparable de toda persona humana y de la gran responsabilidad que tenemos hacia todos. “Cristo, el nuevo Adán – afirma el Concilio Vaticano II –, en la misma revelación del misterio del Padre y de su amor, manifiesta plenamente el hombre al propio hombre y le descubre la sublimidad de su vocación... con su encarnación se ha unido, en cierto modo, con todo hombre" (Const. Gaudium et spes, 22).
Creer en Jesucristo comporta también tener una mirada nueva sobre el hombre, una mirada de confianza, de esperanza. Por lo demás la misma experiencia y la recta razón atestiguan que el ser humano es un sujeto capaz de entender y de querer, autoconsciente y libre, irrepetible e insustituible, cumbre de todas las realidades terrenas, que exige ser reconocido como valor en sí mismo y que merece ser acogido siempre con respeto y amor. Él tiene derecho a no ser tratado como un objeto que poseer o como una cosa que se pueda manipular a voluntad, de no ser reducido a puro instrumento a ventaja de otros y de sus intereses.
La persona es un bien en sí misma y es necesario buscar siempre su desarrollo integral. El amor hacia todos, además, si es sincero, tiende espontáneamente a convertirse en atención preferencial por los más débiles y los más pobres. En esta línea se coloca la solicitud de la Iglesia por la vida naciente, la más frágil, la más amenazada por el egoísmo de los adultos y por el oscurecimiento de las conciencias. La Iglesia continuamente reafirma cuanto declaró el Concilio Vaticano II contra el aborto y toda violación de la vida naciente: “La vida, una vez concebida, debe ser protegida con el máximo cuidado" (ibid., n. 51).
Hay tendencias culturales que intentan anestesiar las conciencias con motivos pretextuosos. Respecto al embrión en el seno materno, la ciencia misma pone en evidencia su autonomía capaz de interacción con la madre, la coordinación de sus procesos biológicos, la continuidad del desarrollo, la creciente complejidad del organismo.
No se trata de un cúmulo de material biológico, sino de un nuevo ser vivo, dinámico y maravillosamente ordenado, un nuevo individuo de la especie humana. Así lo fue para Jesús en el seno de María; así lo ha sido para cada uno de nosotros, en el seno de la madre. Con el antiguo autor cristiano Tertuliano podemos afirmar: “Es ya un hombre aquel que lo será" (Apologético, IX, 8); no hay ninguna razón para no considerarlo persona desde la concepción.
Por desgracia, también después del nacimiento, la vida de los niños sigue estando expuesta al abandono, al hambre, a la miseria, a la enfermedad, a los abusos, a la violencia, a la explotación. Las múltiples violaciones de sus derechos que se cometen en el mundo hieren dolorosamente la conciencia de todo hombre de buena voluntad. Ante el triste panorama de las injusticias cometidas contra la vida del hombre, antes y después del nacimiento, hago mío el apasionado llamamiento del Papa Juan Pablo II a la responsabilidad de todos y de cada uno: “¡Respeta, defiende, ama y sirve a la vida, a toda vida humana ¡Sólo siguiendo este camino encontrarás justicia, desarrollo, libertad verdadera, paz y felicidad!” (Enc. Evangelium vitae, 5).
Exhorto a los protagonistas de la política, de la economía y de la comunicación social a hacer cuanto esté en sus posibilidades para promover una cultura siempre respetuosa de la vida humana, para procurar condiciones favorables y redes de apoyo a la acogida y al desarrollo de esta.
A la Virgen María, que acogió al Hijo de Dios hecho hombre con su fe, con su seno materno, con el cuidado solícito, con el acompañamiento solidario y vibrante de amor, confiamos la oración y el compromiso a favor de la vida naciente. Lo hacemos en la liturgia – que es el lugar donde vivimos la verdad y donde la verdad vive con nosotros – adorando la divina Eucaristía, en la que contemplamos el Cuerpo de Cristo, ese Cuerpo que tomó carne de María por obra del Espíritu Santo, y que nació de ella en Belén, para nuestra salvación. Ave, verum Corpus, natum de Maria Virgine!
[Traducción del original italiano por Inma Álvarez
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